Dos etapas, necesidades diferentes

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Profesional conversando con una niña durante una consulta

Infancia

El juego, la observación y el diálogo ayudan a acercarnos a lo que el niño o la niña está viviendo.
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Joven hablando con su terapeuta sentado en un sofá

Adolescencia

Una escucha que reconoce la necesidad de autonomía y las preguntas propias de esta etapa.

La familia forma parte del contexto

Las personas adultas de referencia aportan información sobre rutinas, cambios y convivencia. Acordamos su participación respetando las necesidades del menor y el espacio de confianza que requiere el proceso.

¿Cuándo puede ayudar una valoración?

La valoración tiene en cuenta cuándo aparecen las dificultades, cómo se expresan y qué apoyos existen en casa y en el entorno escolar.

Emociones intensas

Miedos, tristeza, preocupación o dificultades para regularse.

Cambios en la conducta

Reacciones que generan malestar en casa o en otros contextos.

Relaciones

Conflictos con iguales, aislamiento o inseguridad al relacionarse.

Transiciones

Cambios familiares, nuevas etapas escolares y acontecimientos difíciles.
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Familia con un niño en una sesión de orientación

Una primera conversación con la familia

Al solicitar cita, cuéntanos la edad y qué cambios habéis observado. Organizaremos el encuentro inicial y explicaremos quién conviene que participe.

Resolvemos tus dudas

Al organizar la cita acordamos quién participa según la edad y el motivo de consulta. Puede ser útil comenzar con las personas adultas de referencia para conocer la historia y las preocupaciones actuales.

El trabajo se adapta a su desarrollo y a su manera de comunicarse. El juego, la observación y la colaboración de la familia permiten comprender las dificultades sin exigir un relato propio de una persona adulta.

Se valora ofrecer un espacio de conversación propio y se explican los acuerdos de confidencialidad y participación familiar. Estos acuerdos tienen en cuenta la edad, la situación y las necesidades de protección.

Si la coordinación resulta útil, se plantea primero con la familia y se realiza con los consentimientos necesarios. El objetivo es comprender el contexto y acordar apoyos coherentes.

No es necesario esperar a que las dificultades se intensifiquen. Una valoración puede ayudar a entender lo que sucede y a orientar a la familia sobre los siguientes pasos.